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martes, octubre 14, 2008

¿Puede el presupuesto abordar la crisis? Bajando los impuestos, ¿verdad?

Entre las críticas que más se oyen ahora contra el gobierno está el decir que los presupuestos actuales no "abordan" la crisis. Pero, ¿cómo pueden abordarla? ¿Puede hacer el Estado la magia que todos piden? ¿Puede frenar el desempleo en la construcción y los sectores relacionados? ¿Cómo? ¿Volviendo a convencer a la gente de que comprar pisos a precio de pirámides de Egipto es razonable?

Los pisos bajarán de precio y unos saldrán ganando (los futuros compradores) y otros perdiendo (los vendedores de pisos). Yo voy más con los compradores que con los vendedores: no me hace mucha gracia obligar al personal a dejar el 70% de su sueldo en pagar su casa, o que tenga que pagarla hasta los 85 años. Lo siento mucho por los que pensaban seguir forrándose, y que ahora amenazan con ¡darle la casa a los bancos!

Y para los que ya están endeudados, la solución no pasa por el presupuesto, sino por un abaratamiento del dinero que permita que la cuota de los que ya han comprado el piso no les ahogue, y que se pidan y se concedan más préstamos. La bajada del tipo de interés es una buena medida; tendría que bajar aún más, y eso no depende del gobierno.

Sí, eso creará inflación, pero no siempre la inflación es mala. A ver si un día lo intento explicar. De hecho, podría tener (siempre bajo control de su médico o farmaceútico) algunos efectos positivos.

Así que la crisis financiera e inmobiliaria tiene difícil arreglo con el presupuesto público, que lo que sí puede hacer es atenuar los efectos: con subsidios desempleo, con servicios públicos gratuitos para los que peor lo pasan (sanidad, educación...). Evidentemente, esto va a hacer que sea mayor el gasto público y puede que haya déficit público y aumente la deuda pública para financiarlo (eso sí, en este caso no iría a pagar los daikiris de algún especulador inmobiliario, como en este otro caso, sino los servicios públicos actuales).

Si llegamos a una recesión profunda, una crisis de demanda agregada generalizada, y la economía se paraliza, entonces sí el presupuesto puede reactivar la economía de dos formas:
a) Mayor gasto público.
b) Menos impuestos.
(o los dos a la vez)

Evidentemente, aunque no lo digan, los algunos de los que piden "acción" del gobierno contra la crisis, lo que buscan es la opción B. Quienes más impuestos pagan son los más ricos y si bajan para todos, ellos son quienes se benefician más. Que conste que si los impuestos bajan SÓLO para los más pobres yo también estoy a favor, pero eso no creo que sea lo que piden.

En general, si tras las crisis se produce una rebaja generalizada de impuestos, se produce una redistribución de los pobres a los ricos, pues si los impuestos se reducen -por ejemplo- un 5% para todos, quienes más se ahorran son los que más tienen (el 5% de un millón -50.000- es más que el 5% de 10.000, que es 500). Y si se dejan de recaudar -supongamos que sólo hay un pobre y un rico en nuestra economía- 50.500 euros, pues se dejarán de prestar servicios públicos -por ejemplo la educación- por ese importe... y eso a quién va a preocupar más ¿al tiene de sobra para pagarse todo por lo privado o al que no lo tiene?

Finalmente, os enlazo a un post del flamante Nobel de economía, Paul Krugman, con datos que muestran que el crecimiento económico y las bajadas de impuestos no están correlacionadas.

[Eso sí, estoy de acuerdo con la oposición en la crítica que hace a la injusticia de no actualizar con la inflación las desgravaciones y los tramos del IRPF, que hacen que paguemos más este año que el año anterior]

Nota: la imagen es del diario ADN, la viñeta de Rodera del 14 de octubre.

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viernes, octubre 10, 2008

El Carpe Diem de los directivos de los bancos: la teoría de la tecnoestructura de Galbraith revisitada a la luz de la crisis financiera

Mi amigo David es cliente de un famoso banco y, además, uno de sus dueños. Compró 12.000 euros en acciones que ahora mismo valen menos de 9.000. ¿Le preguntaron a él cuando decidieron correr demasiados riesgos? No, él ni siquiera se molestó en asistir a la Junta de Accionistas, porque su poder de voto es ridículo. Además, ni siquiera las personas que tenían una participación mayor en el banco fueron preguntadas por la política crediticia del banco. Bueno, rectifico: implícitamente sí fueron preguntadas, cuando aprobaron la gestión del Consejo de Adminsitración. ¿Por qué no la iban a aprobar? Los beneficios llevaban creciendo varios años, la acción tocaba máximos, y todos eran muy felices. Los directivos especialmente, que habían podido ejercer sus stock options en ese momento cumbre y ya tenían el dinero asegurado en su bolsillo.
A ellos el futuro no les importaba mucho, porque tenían además un contrato blindado basado en los éxitos del presente y del pasado reciente. Eran los Ronaldinhos del fútbol: gano mi prestigio, firmo un jugoso contrato, y luego no me preocupa mucho cuidar la verdadera salud del banco a largo plazo.
Y ahí está el quid del problema: los directivos de los bancos no pierden mucho si se equivocan en su análisis de riesgos a largo plazo, pero ganan mucho si a corto plazo su gestión parece buena.
El propio sistema incentiva eso, como ya han explicado grandes economistas en algunos de los mejores libros de divulgación aparecidos últimamente: Paul Krugman habla de ello en su libro "El gran engaño" (os recomiendo el capítulo titulado "Capitalismo de amigotes"); y Tim Harford habla de los riesgos excesivos que corren los especuladores en "El economista camuflado", en el capítulo "Los hombres que no conocían el valor de nada".
Pero la teoría original que explica la ignorancia de los accionistas respecto a las decisiones de los directivos es de John Kenneth Galbraith, quien en su libro "El nuevo Estado industrial" explicaba por qué los directivos ("tecnoestructura") manejan una información que los propietarios desconocen. Además, el objetivo de los directivos es el corto plazo, los beneficios rápidos que les permiten firmar mejores contratos y aumentar su prestigio.
(aquí podéis encontrar un sencillo resumen de la teoría de la tecnoestructura).
Si -como dice Galbraith- lo que preocupa a los directivos es su prestigio, ¿cómo hacer que "paguen" por su mala gestión? Propongo un registro público de malos directivos, al que todo el mundo tenga acceso y en el que figuren todos los altos cargos de los bancos que han quebrado. ¡A mi no me gustaría tener como vecino a un maltratador del dinero ajeno!

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miércoles, octubre 08, 2008

Consecuencias reales de la crisis financiera: escuelas por daikiris

Olvidémonos por un momento de todo el tinglado financiero de los bancos, aseguradoras, reaseguradoras, etc...
Simplificando, el desajuste actual se puede resumir en cuatro actores:

Roberto, un vendedor de casas.
David, un comprador de casas (a crédito).
Borja, un ahorrador.
Banco Gijón, una entidad intermediaria entre ahorradores y quienes necesitan crédito.

El proceso sería el siguiente:

Roberto vende por 100 una casa que hace muy pocos años valía 30. Está muy feliz de haber conseguido esa revalorización, y realmente ahora es una persona más rica y dichosa gracias a su olfato inversor.
David, que busca tener una estabilidad con su familia, pide un crédito por valor de 100 para pagar esa casa. Sabe que le va a costar trabajo pagarlo, pero se arriesga.
(Borja -que no sabe nada de esto- ingresa 120 en el Banco de Gijón (BG), quien le da un interés ridículo, pero al menos así no tiene que guardarlo en casa, donde el perro ya se ha comido numerosos billetes que encuentra por el suelo)
El Banco Gijón - con el dinero de Borja- concede el crédito a David, que recibe 100. El Banco de Gijón también sabe que a David le costará pagar el préstamo, pero también se arriesga (¡al fin y al cabo el dinero es de Borja! Además, su negocio es precisamente arriesgarse; no van a ganar dinero dejando el dinero tranquilamente durmiendo en la caja fuerte). Por cierto, el interés que cobran a David es mucho mayor que el que dan a Borja (normal; no son una ONG).

David, una vez que recibe el dinero de su préstamo, en seguida transfiere los 100 a Roberto, quien a cambio le da la casa de sus sueños.

Por su parte, el BG guarda 20 euros por si Borja necesita algo de efectivo. Confía en que Borja pida su dinero poco a poco, y a medida que reciba el dinero de David, cuando éste devuelva el préstamo, irá teniendo más dinero en la caja (tener más dinero en la caja es tener más liquidez).

Un buen día, David ve un anuncio en idealist.com (estamos en EEUU, por cierto) de una casa justo igual que la suya, en la mismísima Lincoln Street igual que él, y que se vende a 80. "Me cachis en la mar - se lamenta - si me hubiera esperado un poco me habría ahorrado 20...!. Unas semanas más tarde el dueño de esa misma casa baja el precio a 70, para disgusto de David, que cada vez está más cabreado, y se acuerda a menudo de la madre de Roberto (quien, mientras, está saboreando un daikiri en Acapulco).Se siente timado. Se acuerda también de su amiga Ángela, que le dijo que 100 estaba muy bien para una casa, y que seguro que dentro de un año valía 110...

Además, las cosas en el trabajo no van muy bien para David. Trabaja de limpiador de fachadas con agua a presión, y debido a la bajada de los precios de las viviendas, ya no se construyen tantas y su jefe ya no le pide que haga horas extras, y le dice que dé gracias que conserva su empleo... Sin las horas extras, pagar la casa de sus sueños cada vez se hace más cuesta arriba.

Unos meses después, David se retrasa en el pago de una letra porque ese mes ha tenido que pagar el seguro del coche y los regalos de un par de bodas de amigos, y claro, por no quedar mal... Así que no le ha quedado dinero para la casa. Los periódicos -sin que él sepa que se refieren a él- empiezan a llamarle insolvente, aprovechado, basura... e incluso el peor insulto: subprime.

Borja, que es funcionario y lee mucho los periódicos, se entera de que hay gente de la calaña de David que está poniendo en peligro el sistema. No entiende muy bien qué pasa, pero como eso del sistema le suena muy mal, decide atar bien a su perro en casa y retirar la mitad del dinero que había dejado en el banco (es decir, 60), porque más vale prevenir que ciento volando, y a quien dios se la dé, que al final se rompe.

El Banco Gijón, que era un banco muy solvente y con muchos beneficios gracias a los intereses que pagaba David (mientras pudo), ahora no tiene el dinero que Borja le pide. Sólo tiene los 20 que dejó de reserva y, digamos, 10 que ha devuelto David de su préstamo. ¿Y los intereses que pagó David?, puede preguntar alguien. Bueno, eso eran beneficios de años anteriores, así que -excepto una pequeña parte que se guardó como provisiones (digamos 5) - están ya en los bolsillos de los accionistas del Banco Gijón, alguno de los cuales está jugando al golf con Roberto o... ¿no será que alguno de los accionistas es Roberto?

En fin, dejemos a Roberto disfrutar en paz de su olfato inversor, y sigamos con la historia (ya queda poco, tranquilos)

Para intentar darle a Borja lo que es suyo, el Banco Gijón se lo pide al Banco Donosti, quien lo tiene, pero no se lo quiere dejar porque también se ha enterado de lo de las subprime...

Se lo pide también a Juan Claudio, que trabaja en el Banco Central Europeo en Alemania, pero Juan Claudio es un tío más agarrao que un chotis y pide un interés muy caro y además no le da todo lo que necesita. Ahora hay muchos bancos como él pidiendo dinero en Frankfurt y Juan Claudio dice que nones, que luego la gente se lo gasta y suben los precios, algo a lo que Juan Claudio tiene un pánico atroz (sufre de inflaciónfobia).

Así que el Banco Gijón -con todo el dolor de su corazón- llama a Pedro, que es Ministro de Economía, y le dice:
- "Pedro, ¿qué tal? ¿Bien? Me alegro, hombre. Mira, te cuento: es que tenemos unos activos tóxicos [se refiere a David] que no nos están generando la liquidez esperada, y no podemos dar la cobertura necesaria a los depositarios de pasivo [aquí se refiere a Borja]. ¿Me lo puedes prestar tú?"
- [silencio al otro lado de la línea]
- "Pedro, ¿estás ahí? Mira, que te juro que te los devuelvo hombre. No me seas así, que Rodrigo nunca me puso pegas"
- "Ya, Calcetín, -responde al fin Pedro- pero es que nunca le pediste eso a Rodrigo..."
- "Bueno, bueno, tu verás... como no consiga el dinero, voy a quebrar, y el tal Borja te la va a montar..." [Borja es un personaje colectivo, como todos los de este entremés: representa a millones de Borjas].
-"Vale, vale, voy a hacer un par de llamadas y te cuento".

Así que Pedro hace algunas llamadas para intentar conseguir el dinero de Borja. Al final, José Luis le dice que sí, que el Estado pondrá ese dinero para que el Banco de Gijón se lo dé a Borja; a cambio, el Estado"comprará" la hipoteca de David.

Eso significa que a partir de ahora todo lo que devuelva David, o lo se saque por la casa si al final se embarga y se subasta -ya va por 60 y bajando- será para el Estado. Y si no lo devuelve, pues mala suerte para el Estado. El Estado dice ahora que David no es subprime, sino que es "un activo de gran calidad"; algo que no desmiente el Banco Gijón, que está tan feliz de haberse deshecho del problema.

Última fase de la historia. ¿De donde saca ese dinero el Estado? Para no retirarlo de hospitales y colegios actuales, no utiliza el presupuesto actual, y así no usa el dinero que ha recaudado con los impuestos actuales.

Lo que hace es pedirlo prestado a la gente que esté dispuesta a dárselo. ¿Esa gente es muy generosa y altruista? No, en realidad lo hacen porque el Estado les promete devolvérselo con intereses en el futuro (prestar dinero al Estado se llama "suscribir deuda pública"). Y se fían del Estado porque el Estado no es basura subprime. Más bien al contrario: todos los años cobrará impuestos con los que pagarles la parte que les toca. [Por cierto, me cuentan que desde Las Bahamas, a través de su iPhone, Roberto fue de los primeros que compró deuda pública con lo que le sobraba de la buena vida...]

Pero entonces, como habrá que devolver la deuda (excepto la parte que se cubra con lo que devuelva David o valga su casa embargada), el dinero se obtendrá de los presupuestos futuros, en los que habrá que destinar una partida a devolver la deuda, y quitarla (el famoso coste de oportunidad) de otras cosas.


Balance final:
Borja recuperó su dinero (120). 35 venían del Banco (20 de reservas, 5 de provisiones y 10 de lo que había devuelto David).
El resto hasta los 120 (85) lo puso el Estado al comprar la deuda pendiente de cobro de la hipoteca de David.
David no pudo pagar la casa y se la embargaron. Se quedó sin 10 que ya había pagado (más los intereses que también pagó y que ya estaban en los bolsillos de los accionistas del Banco de Gijón) y, por supuesto, sin casa.
El Estado recuperó al final sólo 60 por la casa. Los otros 25 (hasta los 85 que pagó por la hipoteca) los financió con deuda.

Como ese dinero hubo que retirarlo de los presupuestos de años futuros, esos 25 se dejaron de gastar en hospitales y escuelas que se pensaban construir en el futuro.

¿En qué se gastaron? ¡En los daikiris de Roberto! (no neguemos que se los merece, gracias a su olfato inversor).

Así que, en términos reales, no financieros, la crisis es cambiar escuelas por daikiris.

(puedes imprimirte esta explicación en pdf aquí)
Nota: subprime no es en realidad un insulto tan malo. Hace relación a una persona, entidad o deuda con un riesgo mayor del que había previsto quien le prestó dinero. Como normalmente cuanto más riesgo más interés y menos dinero prestas, si prestas mucho dinero y a un interés bajo a alguien con mucho riesgo de no devolverlo, podemos decir que has hecho un préstamo subprime (por debajo de la prima de riesgo que hubiera resultado adecuada).

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martes, septiembre 30, 2008

Inflación, deflactor del PIB y tipos de interés en España

Con el siguiente gráfico (pincha en la imagen para verla más grande) intento apoyar mi tesis de que:
a) La política monetaria tenía que haber sido más restrictiva en el período entre 2002 y 2005.
(Restrictiva = tipos de interés más altos)
b) La política ahora podría ser más expansiva.
(Expansiva=tipos de interés más bajos)
¿Por qué? Porque se observa que desde 2002 hasta 2005, aunque que la inflación (línea amarilla) bajaba hasta el 2,7%, el deflactor del PIB se mantuvo en el 4,5% (línea rosa). Eso significaba que el dinero barato (el tipo de interés al 2%) no hacía subir la inflación, pero mantenía elevado el crecimiento de los precios medido según el deflactor del PIB(*). La causa: el deflactor del PIB incluye todos los bienes producidos, entre ellos la vivienda (que no está en el IPC). Y la gente gastaba ese dinero barato en vivienda. Había exceso de dinero aunque el IPC no lo reflejase, y el BCE -si hubiera tenido en cuenta los intereses de España- no tenía que haber bajado los tipos en 2002. Eso contribuyó a agravar la burbuja inmobiliaria que se venía creando a lo largo de los 90.
Entre 2005 y 2007 el BCE comienza a subir el tipo de interés y consigue hacer bajar el deflactor del PIB. Es el comienzo del fin de la burbuja inmobiliaria. Los precios medidos por el deflactor del PIB han bajado entre 2005 y 2007  a la vez que el BCE subía los tipos de interés. El BCE ha conseguido su objetivo y debe ahora compensar y amortiguar la caída bajando los tipos de interés. La subida de tipos de 2007 era ya innecesaria viendo el ajuste que estaban sufriendo los precios de los bienes producidos. Sin embargo, el BCE parece que ignora los datos del deflactor del PIB para detectar si hay exceso de dinero o no en la economía y se fija más en la inflación, que no bajó entre 2005 y 2007 y llevó al BCE a pensar que tenía que seguir subiendo los tipos de interés.
¿Cuál es la diferencia entre las dos mediciones? El deflactor del PIB es lo que crecen los precios de todos los bienes producidos en un país (incluye, por lo tanto la vivienda). El IPC es lo crecen los precios de los bienes de consumo que por término medio consume la gente (no incluye la vivienda porque es un bien que no se considera consumo, sino inversión).
Ahora parece que en vez de sobrar dinero, hay escasez en la economía: los pisos no se venden y bajan de precio. Eso está bien, pero ni debe haber burbujas ni debe haber ajustes bruscos. Ahora el BCE debería bajar los tipos para que no se produzca una crisis grave.
No haber hecho a) en el pasado causó la burbuja inmobiliaria.
No hacer b) en el presente puede causar una recesión muy grave. La codicia y el miedo son sentimientos muy fuertes que se refuerzan socialmente, y las autoridades deben actuar racionalmente para reconducirlos. Como ya he dicho, no haber sabido/querido frenar la codicia de particulares y de bancos no significa que ahora no haya que frenar el miedo. Insisto, no se cura un error con otro error. In medias virtus.
Nota: Deflactor del PIB. Elaboración propia a partir de los datos del INE sobre las tasas de crecimiento del PIB a precios corrientes y del PIB a precios constantes (restando la segunda a la primera). Tasa de crecimiento anual del PIB a precios constantes y corrientes obtenida como la media de los cuatro datos trimestrales de crecimiento.
Datos de la inflación subyacente (sin productos energéticos ni alimentos no elaborados) obtenidos de la página del INE.

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Uff, que jartá de crisis

Bueno, poco se me ocurre comentar en estos días sobre la crisis.
Así que sólo puedo remitirme a algunos antiguos post en los que hablaba sobre las causas de la crisis en España o sobre si la crisis era de oferta o de demanda.
Ojeando los periódicos en Internet, me sorprende cómo, cuando se ha permitido un nivel de endeudamiento de la familia media brutal, El País y el Financial Times pueden echar flores al Banco de España. Puede ser que haya hecho algo por garantizar la solvencia de los bancos (que no es poco), pero no ha hecho nada por garantizar la solvencia de las familias. Del Banco de España/BCE ya he hablado (mal, generalmente) aquí, aquí y aquí.
Y quizá la banca española no sea "segura" gracias al BCE, sino porque los españoles asumimos todo el riesgo, mientras que los bancos lo que asumen son los beneficios. ¿Por qué asumimos todo el riesgo? Porque nos vamos con la hipoteca hasta la tumba. ¿Quién va a dejar de pagar? ¡Por eso la tasa de morosidad es tan baja!
Y próximamente (este fin de semana) intentaré publicar un modesto post en el que intentaré argumentar por qué había que haber subido los tipos unos años antes de cuando se hizo, y por qué ahora habría que bajarlos, porque no se puede corregir un error con otro error. Esto es responsabilidad del BCE y, al fin y al cabo, el Banco de España es nuestro portavoz en el BCE.

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sábado, septiembre 13, 2008

La inflación da señales erróneas al BCE

El otro día me preguntaba cómo era posible que el BCE, intentando hacer el bien, hubiera hecho tanto mal a la economía. El pobre, guiándose por la inflación, actúa como cualquier plantita responde a un tropismo: que me da la luz, me muevo hacia ella; si llueve, voy hacia el agua.
En el caso del BCE el tropismo era (y es): si la inflación baja, bajo los tipos de interés; si la inflación sube, subo los tipos de interés.
En principio no es una mala idea. Cuando no hay inflación, el BCE puede interpretar que no hay demasiado dinero en la economía (si lo hubiera la demanda sería mayor y los precios subirían). Por tanto, no le importa que los tipos de interés sean bajos y que se concedan muchos préstamos y se estimule la actividad económica.
En cambio, si hay inflación -es decir, si los precios suben- quizá sea debido a un exceso de demanda: la gente tiene demasiado dinero en los bolsillos para la cantidad de bienes y servicios que hay disponibles. Por eso, si subo el tipo de interés, la gente pedirá menos préstamos y disminuirá el poder adquisitivo global de la gente. Al haber menos dinero en circulación disminuirá la demanda y, por consiguiente, los precios subirán menos (bajará la inflación).
Analizando los datos históricos, vemos que es clara la relación: cuando baja la inflación, el BCE primero mantiene los tipos y luego acaba bajándolos, como hizo entre 2002 y 2003. En esos años se ve que las gráficas van paralelas. Cuando en 2004 la inflación comienza a subir, el BCE mantiene los tipos y luego acaba subiéndolos, cuando la inflación aumenta en 2005.
Pues bien, si la relación es tan clara, entonces ¿por qué no ha funcionado? ¿Por qué parece que el BCE hace todo al revés de como debería si está haciendo lo que la teoría económica dice? ¿Por qué ahora hay inflación a la vez que hay crisis económica? ¿Por qué los bajos tipos de interés han provocado una burbuja inmobiliaria, si la inflación en los últimos años era muy baja?
Umm. Son cuestiones muy difíciles... ¿o no tanto?
En mi opinión, usar la inflación como referencia y objetivo único del BCE no es suficientemente fiable. Incluso aunque utilicemos la inflación subyacente (ignorando las variaciones en los precios de las materias primas, los combustibles etc.), estamos omitiendo algo fundamental: la medición de la inflación no tiene en cuenta el bien en el que -sobre todo en España- la gente gasta la mayor parte de su dinero: la vivienda. La inflación no incluye los precios de la vivienda.
Esto ha hecho que la política monetaria fuera errónea antes y sea errónea ahora:


El error de la política monetaria de 2003-2005.

En los primeros años de esta década la inflación de los bienes de consumo era baja, pero la inflación de la vivienda era brutal (del 20% anual en algunos casos). Por tanto, si se hubiera tenido en cuenta también el precio de la vivienda, habría habido que subir los tipos de interés en 2003. Es decir, en realidad sí que había exceso de dinero en la economía y se pedían demasiados préstamos, lo que pasa que no se gastaban en pollo, en pan o en vestidos; se gastaba en vivienda.

El error de la política monetaria actual.

Al contrario, ahora mismo la inflación en Europa, y especialmente en España, está sobrevalorada. La vivienda (que no se incluye en la inflación) está bajando de precio y eso indica que hay mucho menos dinero circulando que antes, por lo que los tipos deberían bajar para estimular la economía. Si los otros bienes siguen subiendo de precio es porque los efectos de la subida del precio del petróleo se expanden a toda la economía (inflación de costes). Tener los tipos de interés altos ahora no va a contribuir mucho a bajar estos precios, pues las empresas nunca van a vender por debajo del coste.

Es decir, que el nivel excesivamente bajo de los tipos de interés en 2003-2005 ha creado la burbuja inmobiliaria (inflación inmobiliaria no contemplada por las autoridades en su política monetaria) y el nivel actual está causando una deflación inmobiliaria (y agravamiento de la crisis económica).
Se puede argumentar que, en fin, se hizo mal entonces pero ahora se corrige. Los dos errores se anulan y en, digamos, 2011, la vivienda volverá a su nivel de precios reales previos. Eso dice Solbes, que la crisis actual sirve para limpiar la economía.
Sí, pero... (como decía Batiste en "La Barraca")...¡a qué precio! Gracias a la mala política monetaria muchos se han hecho de oro en los últimos años, mientras que ahora la "limpieza" se va hacer a costa de embargos a familias y a pequeñas empresas. La economía es algo muy serio y los dogmas no existen y hay que revisarlos. El simplismo "si hay inflación subo los tipos y viceversa" ha resultado ser muy dañino.

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domingo, julio 27, 2008

Aunque no lo sepas, tú también eres liberal (según alguna definición)

La palabra liberal tiene muchos significados. El blog del keynesiano Paul Krugman se llama en inglés "La conciencia de un liberal", mientras que la web liberalismo.org representa en España un pensamiento económico que identifica libertad con propiedad privada y reducción del Estado al mínimo. Como afirma Irene Lozano, todos quieren ser liberales; la flexibilidad del término acaba por desposeerlo de un significado y deja al descubierto muchas contradicciones de quienes lo usan.

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jueves, julio 24, 2008

El iPhone explica la crisis

Según la teoría de los ciclos económicos reales, en una economía capitalista de mercado, el ritmo de los inventos y los aumentos de productividad es cíclico. Se inventa algo revolucionario y la productividad aumenta. Es la expansión. Cuando ese invento ya se ha extendido y es utilizado de forma habitual, la productividad deja de crecer (y los beneficios se estancan). Llega la recesión.

1997: Aparecen los primeros teléfonos móviles.
2007: Aparece el iPhone.

¿Qué cambio te parece que hace aumentar más la productividad? ¿qué teléfono de estos dos cambió más tu vida?

Nota: idea original de Schumpeter (y seguro que de alguien antes que él).

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lunes, julio 14, 2008

Salarios y beneficios en la crisis

Ángel Laborda llama la atención sobre la mala situación de los beneficios empresariales en un buen artículo sobre coyuntura publicado este domingo. Utilizando como fuente la Central de Balances del Banco de España, destaca cómo -por término medio- el resultado ordinario neto de las empresas ha sufrido en el primer trimestre una variación interanual del -6,3%. Es decir, han sido un 6,3% menores que en el primer trimestre de 2007. El resultado ordinario incluye los ingresos y gastos propios de la actividad de la empresa, las amortizaciones, los ingresos financieros y -sobre todo- los gastos financieros. No incluye las plusvalías o minusvalías extraordinarias por venta de activos (inmubles, etc.), pero como estas actividades son menos frecuentes y no representan el núcleo de la actividad económica de las empresas, podemos decir que el resultado ordinario antes de impuestos es un buen indicador de la (mala) salud empresarial.

A partir de estos datos Laborda sugiere que no sería conveniente subir los salarios por encima de la inflación prevista (más o menos el 3%) que es lo que reflejan la mayoría de los convenios. Se muestra en contra de las claúsulas de revisión o salvaguarda, que en los convenios intentan mantener el poder adquisitivo de los salarios cuando la inflación es superior a la prevista inicialmente. Es decir, para que se entienda, propone que los trabajadores compartan con los empresarios el coste de la crisis y acepten reducir su poder adquisitivo y empobrecerse en términos reales. Por ejemplo, que acepten una subida de salario del 3% cuando la inflación es del 5%. Si los empresarios ven como su remuneración ha descendido un 6,3% respecto a la que tenían hace un año (más aún si descontásemos la inflación), parece sensato que los trabajadores vean aumentar sus salarios en menor porcentaje que la inflación y también carguen con la factura de una energía más cara y unos tipos de interés más altos (factores que han hecho mella en los resultados de las empresas).

De no ser así, si los salarios siguen manteniendo su poder adquisitivo y crecen tanto como la inflación, la amenaza será que las empresas volverán a repercutir esos costes salariales en los precios (haciendo que la inflación sea aún mayor) o que reduzcan la plantilla para intentar mantener los costes salariales. O, peor aún, que hagan ambas cosas.

Todo lo dicho hasta ahora rezuma sensatez y dan ganas hasta de escribir inmediatamente un e-mail a nuestro jefe y decirle:


Sr. Director:

le ruego encarecidamente no me aplique ninguna claúsula de salvaguarda y mantenga mi salario congelado. Me gustaría apechugar con los costes de la subida de las materias primas y la energía, así como con los altos tipos de interés que ahora mismo sufre nuestra querida empresa. De este modo, los esforzados propietarios de nuestra empresa, que todos los años tienen que ir a la aburrida junta de accionistas, no verán tan reducidos sus beneficios. Así contribuiré a que nuestra propia empresa no tenga que subir aún más los precios debido a una subida de los costes, y evitaré los "efectos de segunda ronda". Además, garantizaré que todos los trabajadores mantendremos nuestro puesto de trabajo.
Atentamente,
Tolay Pardillez.

Si le hemos dado a nuestro abnegado empleado el simpático nombre de Tolay Pardillez no es por su actitud ante los datos de este último trimestre que hemos mencionado (estamos de acuerdo con que los trabajadores no deberían exigir aumentos tan grandes como la inflación en esta situación).Lo que pasa es que Pardillez olvida los datos de los últimos 6 años, que vienen reflejados en el artículo impreso de Laborda (por desgracia el cuadro no viene en la versión on-line). Estos datos - que he transcrito del gráfico- indican que las tasas de crecimiento de los resultados ordinarios antes de impuesto fueron más o menos las siguientes:

Año 2002: 4%
Año 2003: 12%
Año 2004: 19%
Año 2005: 11%
Año 2006: 5%
Año 2007: 11%

En estos años, la inflación real fue casi siempre menor al 3%, y la prevista se mantenía por debajo, cercana al 2%. Muchísimos empleados han visto crecer sus salarios durante todos estos años sólo al 2%, mientras los beneficios crecían a estas tasas mucho mayores. En estos años, al señor Laborda y a todos los accionistas les parecía muy bien que el crecimiento de los salarios se vinculase a la inflación para que los trabajadores matuviesen el poder adquisitivo. No se leían muchos artículos ni declaraciones de políticos y ni economistas sugiriendo vincular los salarios con los beneficios, mientras que ahora esa vinculación parece evidente. El axioma aplicado era el siguiente:

  • la inflación es menor que los beneficios, entonces los salarios se vinculan a la inflación.
  • la inflación es mayor que los beneficios, entonces los salarios se vinculan a los beneficios.

Yo creo que ahora, cuando se les pide a los trabajadores que se aprieten el cinturón a causa de la crisis, es el momento de que los sindicatos luchen un nuevo paradigma en la negociación salarial: "ahora compartimos los costes de la crisis, pero queremos que quede reflejado por escrito que también nos beneficiaremos cuando las cosas vayan bien. Los beneficios y los salarios deben estar vinculados por convenio (Nota 1). Debe ser una vinculación estable y regulada a los beneficios de la empresa. ¿Por qué el trabajador no puede ser partícipe del fruto de su trabajo cuando las cosas salen bien? ¿Por qué sólo se le asocia a la empresa cuando las cosas van mal?

Algunos se opondrán a esta idea e incluso dirán que los sindicatos no tienen nada que negociar, que el salario se fija libremente en un bonito y eficiente mercado...













Nota 1: No me refiero a esa limosnilla del "bonus por beneficios" que deciden de forma discrecional los jefes, para premiar a los empleados más pelotas y que sólo sirve para justificar que te obliguen a quedarte muchas horas extraordinarias. Eso es un incentivo para mejorar la productividad, pero no es la variable a la que se vincula el crecimiento salarial global.

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lunes, julio 07, 2008

Aprender de la crisis

En los momentos de crisis es también cuando las personas, o los conjuntos de personas, cambian aquello estaban haciendo mal. Cuando los defectos salen a la luz, hay que aprovechar para corregirlos. Cuando el Real Madrid de los galácticos dejó de ganar títulos y comenzaron las rencillas personales entre Hierro, Del Bosque y Florentino… fue el momento de cambiar el esquema y optar por otro tipo de jugadores y de dinámica de grupos: menos estrellas y más juego colectivo. Los resultados pronto acompañaron, con dos victorias de liga consecutivas tras varios años de dominio del Barcelona.
En el caso del Barcelona, precisamente, todos reconocen ahora que habría que haber atajado los excesos juerguistas de Ronaldinho y los excesos verbales de Eto’o hace un par de años… pero no se hizo nada hasta que hubo una crisis de resultados.
En el caso de la economía, echar la culpa sólo al petróleo sería como decir que los árbitros nos perjudican, algo que –aunque sea verdad- no está en nuestra mano cambiar. Lo que debemos ver es cuáles han sido nuestros galácticos, Ronaldinhos y Eto’os para intentar mejorar nuestro funcionamiento a partir de la crisis.
Nuestro primer galáctico descarriado fueron los precios de la vivienda: ¿por qué se dejaron subir tanto? ¿Por qué no se establecieron antes deducciones fiscales sobre el alquiler para el inquilino? ¿Por qué no se controló el dinero negro? ¿Por qué no se cambió el modo de financiación de los Ayuntamientos, que los hace tan proclives a la corrupción…? El PP y el PSOE hicieron muy mal su trabajo en este aspecto y son los responsables, por omisión, de la burbuja inmobiliaria y de los problemas que va a generar su pinchazo para muchas familias (otros, los listos y bien informados, ya se han forrado y ya han puesto su dinero en otro sitio).
El exceso de crédito era otro galáctico que también se iba de juerga por las noches con los precios de la vivienda. Para pagar el increíble precio de la vivienda, la gente pedía y pedía créditos que se concedían alegremente ¿Por qué el Banco de España no cumplió con su función de vigilar el crédito de forma rigurosa? ¿Por qué se toleraron niveles de endeudamiento tan altos cuando se sabía que los tipos de interés no iban a estar siempre al 2%? Sí, las economías domésticas no lo sabían, pero está claro que la gente no es economista y es el Banco de España –aunque no tiene competencias para variar los tipos de interés- quien debe ejercer de vigilante del mercado financiero y corregir los excesos. Esas son sus funciones, y no –para justificar el sueldo del ejército de funcionarios que trabajan en dicha institución- hacer informes macroeconómicos recomendando flexibilidad laboral y moderación salarial. Para hacer esos informes ya tenemos a otras tropecientas instituciones públicas y privadas que dicen exactamente lo mismo. Caruana y Fernández Ordóñez (Del Bosque y Rikjaard) hicieron dejación de funciones y deberían tener responsabilidades civiles por ello (rescisión de contrato sin indemnización). Además hay que establecer mecanismos para que no vuelva a ocurrir.
Nuestro tercer galáctico es la dependencia del petróleo que hace que su subida nos afecte más que a otros países y el diferencial de inflación sea mayor. Ahora es el momento de reducir esa dependencia, y se han hecho cosas adecuadas: subida de las tarifas de la luz para quien más consume, no bajar los impuestos sobre los carburantes, creación de un impuesto de matriculación progresivo… es el momento de hacer aún más cosas: invertir en transporte público, mejorar el transporte en autobús (creo que el autobús, gracias a su flexibilidad, va a ser fundamental en el futuro; pronto escribiré un post sobre eso), favorecer y potenciar las energías alternativas (pero, por favor, no la nuclear. Prefiero el CO2 a la radiactividad).
Nuestro cuarto galáctico es la falta de competencia. Hay que cambiar la legislación y dar más poderes a la Comisión Nacional de Competencia. Si varias empresas suben el precio a la vez, no es casualidad: sanción y punto. Si tenemos que demostrar la concertación de precios (el famoso cartel) con pruebas objetivas (e-mails, conversaciones telefónicas, etc.) es prácticamente imposible. La legislación tiene que favorecer a los consumidores.
Por último, la baja productividad, es decir, la producción por trabajador. Por término medio, en España es mucho menor que en la mayoría de los países de nuestro entorno. ¿Qué podemos hacer? Invertir más en educación, en investigación, y en organización empresarial: horarios eternos en los que parece que ser mejor trabajador es irse el último de la oficina no ayudan. ¿No sería mejor una jornada continua de 7 horas que permitiría al trabajador formarse, consumir más ocio, y trabajar mejor en sus horas? Además, hay que vincular los salarios a la productividad y no a la inflación. De este modo, se evitará una espiral precios-salarios y, en épocas de bonanza económica, los asalariados se beneficiarán también de las mejoras de productividad: en los últimos 10 años, los salarios subían un 2 o un 3% (lo que subía la inflación) mientras que los beneficios aumentaban a cifras de dos dígitos. Nadie de la patronal planteaba entonces vincular los salarios a la productividad, claro.
En fin, ahora es el momento de que tomemos nota de los errores y los corrijamos. No hagamos como el Madrid e intentemos fichar a Cristiano Ronaldo. Sería tropezar otra vez con la misma piedra…

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sábado, junio 28, 2008

Por qué la crisis también es de demanda

Tal y cómo dice Jorge en su comentario de la entrada anterior, la recesión actual también tiene - y estoy de acuerdo con él- un componente de demanda. No sólo las empresas se han visto obligadas a producir más caro (desplazando la oferta hacia arriba y hacia la izquierda), sino que también la demanda se ha desplazado de forma paralela hacia abajo (y hacia la izquierda). Esto significa que para cualquier nivel de precios, la gente estaría dispuesta a comprar menos. Es decir, incluso aunque la inflación fuera la misma que hace dos años, la demanda habría disminuido. ¿Por qué? La teoría económica nos habla de dos variables clave en los deseos de compra de los agentes: las expectativas sobre el futuro y la riqueza. Ahora -con peores expectativas y el valor del patrimonio inmobiliario descenciendo- los deseos de gasto disminuyen (la gente no está tan segura de que va a seguir teniendo un buen empleo en el futuro, y se siente más pobre porque la casa que compró por 300.000 euros ahora vale 240.000).
Yo añadiría otra variable que ha influido negativamente en la demanda: el aumento de los tipos de interés. Los tipos de interés son un precio, el precio del dinero que todos (o casi todos) hemos pedido prestado para comprar la casa. El tipo de interés hace que paguemos al banco 400.000 euros por una casa de 200.000 (sumando las 360 mensualidades que pagaremos en 30 años de hipoteca; si no se lo creen, hagan los cálculos) La renta disponible post-hipoteca (variable macroeconómica que me acabo de inventar) se ha reducido drásticamente en los últimos cuatro años. En 2004, una hipoteca de 200.000 euros a Euribor + 0,5% a un plazo de 30 años daba una cuota de 811 euros (con el Euribor a un 2,2%). Ya era una cantidad de dinero considerable, pero es que a día de hoy, con el Euribor en el 4,9%, esa misma cuota sería de 1100 euros. 300 euros menos de renta disponible, que evidentemente reducen la demanda.
Entonces, si admitimos que hay una crisis de demanda, ¿cómo explicamos el aumento de los precios (es decir, la inflación)? Si la gente gasta menos, ¿por qué las empresas suben el precio? Porque los costes han subido, como dijimos en el anterior post, y han desplazado la oferta hacia arriba-izquierda. Representar esta situación gráficamente exige que dibujemos un desplazamiento de la oferta agregada mayor que el desplazamiento de la demanda: nos da el resultado que tenemos en la actualidad: doble depresión de demanda y de oferta con disminución de la tasa de crecimiento de la producción y aumento de la tasa de crecimiento de los precios (nótese que he puesto el gráfico en tasas de crecimiento para amplificar los efectos de las variaciones). En este caso (admitiendo que también hay una recesión de demanda), los precios aumentan menos que cuando se trataba sólo de una depresión de oferta, pero la producción de equilibrio disminuye más.

Actualización: Releyendo esta entrada me he dado cuenta de que he omitido un factor muy importante que influye en que los precios suban aunque disminuya la demanda:la falta de competencia. Las empresas llegan fácilmente a acuerdos tácitos entre ellas (leche, gasolineras, telefonía móvil...), algo cada vez más fácil en mercados más concentrados y oligopólicos. Se aprovechan de que la elasticidad-precio de muchos bienes (los citados leche, combustibles y telefonía entre ellos) es baja: es decir, la demanda disminuye en menor proporción de lo que aumenta el precio. Así, subiendo el precio obtienen más beneficios aunque vendan un poco menos.

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martes, junio 24, 2008

¿Recesión de oferta o recesión de demanda?

Uno de los problemas para decidir cómo abordar una recesión económica es averiguar si lo que ha disminuido es la oferta o la demanda. En el capítulo 14 de nuestro libro de Economía de 1º de Bachillerato -aprovechamos para hacer un poquito de publicidad- intentamos distinguir entre los dos tipos de recesiones y entre las medidas que pueden llevarse a cabo en cada uno de los casos. De forma muy sencilla, la teoría económica más elemental nos puede llevar a deducir que la recesión actual es fundamentalmente una crisis de oferta: las empresas producen menos a cada nivel de precios o, visto de otra forma, para un mismo nivel de producción las empresas han aumentado los precios. Un desplazamiento de la oferta agregada hacia arriba y hacia la izquierda, como se representa en el gráfico, supondría el aumento de la tasa de variación de los precios (la inflación) y la disminución de la tasa de crecimiento de la producción. Justamente lo que está pasando actualmente.
La causa de este desplazamiento: el aumento del precio del petróleo (que hace aumentar los costes)
Si la crisis es de oferta, el Estado no tiene mucho margen de actuación a corto plazo (¿cómo hacer que las empresas produzcan más y/o más barato?). Puede, quizá, bajar los impuestos a las empresas. A medio y largo plazo, un aumento de la productividad puede conseguir eso. Una mejor formación, una mejor tecnología y mejores infraestructuras son los factores que hacen aumentar la productividad a medio y largo plazo. En este sentido, según este análisis el gasto público debe destinarse a educación, infraestructuras e investigación. Si hacemos esto, dentro de un tiempo veremos los resultados.
Sin embargo, planteo una duda: ¿es realmente esta crisis una crisis sólo de oferta?

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lunes, junio 16, 2008

Ahora, las soluciones...

En el anterior post identíficábamos las principales causas de la crisis: el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, la crisis crediticia, el aumento del precio del petróleo y la falta de competencia. Los efectos han sido una reducción drástica de la demanda y un aumento de la inflación debido al aumento de los costes. Parece ser que Miguel Sebastián coincide con este análisis.
¿Qué puede hacer el gobierno para reducir la inflación?
Por desgracia, no puede hacer bajar el precio del petróleo. Sí puede hacer reducir nuestra dependencia y nuestro despilfarro energético (ya he dicho que estoy a favor de la subida del precio de la electricidad para ajustarlo a su coste)
También puede actuar favoreciendo la competencia. Un artículo de El País demuestra que los márgenes de algunos productos son dignos de un ejemplo de oligopsonio comprador - oligopolio vendedor de cualquier libro de texto: compro barato a los agricultores y vendo caro a los consumidores. Es un mercado asimétrico en el que un reducido número de intermediarios exprime tanto a sus suministradores (los agricultores) como a sus clientes (el consumidor final). Puede hacerlo porque unos no tienen muchas alternativas para vender y otros no las tienen para comprar sus productos.
¿Qué puede hacer para favorecer el consumo y la reactivación económica?
Política fiscal: aumentar el gasto público para compensar la caída del gasto privado.
Política monetaria: Ahí lo llevamos crudo. La principal medida económica en tiempos de restricciones crediticias y de debilidad de consumo, como es bajar los tipos de interés, depende de una entidad "independiente" a la que las cuitas de España parecen no importar... están empeñados en frenar la inflación causada por un aumento de los costes a base de reducir la demanda (si la gente pide menos créditos y son más caros demandará menos bienes y servicios). No sé si es una buena idea o es algo que nos aboca a una crisis sin remedio.

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martes, junio 10, 2008

Para entender la crisis


La crisis está aquí y ya nadie lo duda. El porqué sigue siendo un misterio aunque últimamente he leído algunas cosas que pueden aclarar algo.
En primer lugar, un excelente artículo de Samuelson sobre la responsabilidad de la crisis financiera en la crisis de la economía real. La crisis se ha producido (especialmente en EE.UU y algunos países de Europa como España o Irlanda) por el estallido de una burbuja inmobiliaria, al igual que ese fue también el detonante en el crac del 29. Y esta burbuja ha podido llevarse a cabo por una falta de previsión y control financiero de las autoridades monetarias, que han permitido que las entidades asuman excesivos riesgos. La receta de Samuelson es mejor regulación financiera para evitar males mayores y, para solucionar los males ya creados: más gasto público.
En segundo lugar, la otra pata de la crisis: el encarecimiento del petróleo. Krugman -en un artículo monográfico - explica que los datos muestran se trata de una subida no especulativa y que parece estructural a largo plazo. Tomemos nota.
Por último, también os recomiendo el artículo de Antoni Espasa en el que se analiza qué puede hacer para luchar contra la inflación un país como España, cuando el petróleo del que depende sube sin remedio. Su propuesta: mejorar la competencia. ¿Cómo? Eso es lo difícil y no lo explica en el artículo...

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domingo, mayo 18, 2008

A favor de la subida de la luz: que pague quien consume

La Comisión Nacional de la Energía ha propuesto una subida de la luz del 11,3%, que el gobierno ve con buenos ojos. Es cierto que resulta incoherente que antes de las elecciones se diga que la luz va a subir sólo lo que suba el IPC y de que unos meses después se proponga esta medida. Por supuesto, siempre se debería exigir a los políticos que cumplan lo que prometen, pero quizá el cambio de idea en este asunto se deba a la dificultad de explicar por qué es bueno para los ciudadanos.

El precio de la electricidad está regulado por el gobierno y no está libremente fijado por las empresas eléctricas. Ahora mismo parece ser que el precio no refleja el coste total de la producción de la energía, y la justificación que la CNE hace de la subida es reducir diferencia entre el coste de producción de la electricidad y la tarifa que pagamos directamente. Indirectamente, esa diferencia ya es cubierta por el gobierno con los impuestos, por lo que al final ese coste total lo pagamos todos.

Por eso, me parece bien que quien consuma más energía pague más, y que no se la subvencionemos los demás con los impuestos. Ese 11,3% se podría dedicar a construir más colegios, mejores carreteras o a contratar más médicos especialistas para reducir las listas de espera.
De este modo, además, se favorece un aumento de la eficiencia en el uso de los recursos, y se penaliza directamente la externalidad que produce el consumo de energía (aún en gran parte extraída de energías sucias como la térmica o la nuclear). Como explica muy bien Tim Harford en el capítulo 4 de "El economista camuflado", titulado "El tráfico urbano" la mejor forma de reducir las externalidades es incidir sobre el precio marginal, y no sobre los términos fijos de la factura.
La única pega: ¿es fiable la medida del coste de producción de la energía eléctrica?

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domingo, mayo 04, 2008

Tipos de interés e inflación

La teoría económica nos dice que una subida del tipo de interés oficial del Banco Central Europeo hará bajar la inflación. Los economistas suponen que si a los bancos comerciales -Santander, BBVA, Cajamadrid, etc.- les cuesta más caro pedir dinero al BCE, entonces también ellos prestarán menos (y más caro) a los particulares y a las empresas. Estos reducirán por ello su consumo y su inversión, lo que presionará los precios a la baja y hará disminuir la inflación.
De hecho, los propios dirigentes del BCE se guían por la inflación para tomar sus decisiones sobre tipos de interés. Básicamente, razonan como sigue: si la inflación está subiendo, yo subo los tipos de interés para mantener los precios dentro de unos niveles contenidos; si está bajando, puedo bajar los tipos de interés para fomentar el crecimiento económico.
Observemos el gráfico que relaciona los tipos de interés y la inflación subyacente en España (excluye el precio de los combustibles y de los alimentos no elaborados; es útil para analizar los efectos del tipo de interés porque los precios de los alimentos no elaborados y del petróleo podrían variar de forma brusca y totalmente independiente de las políticas económicas).
Podemos ver que los tipos de interés siguen a la inflación subyacente, tal y como hemos dicho que razonaba el señor Trichet (presidente actual del BCE): si baja la inflación, luego bajan los tipos de interés, y viceversa.
Si embargo, lo sorprendente es que parece que no consiguen su objetivo, sino que siempre van a remolque de la inflación. Es decir, al final, los tiempos de inflación más alta son los de tipos de interés más altos y los de inflación más alta los de tipos de interés más bajos, cuando la relación entre ambas variables parece teóricamente inversa. ¿Por qué?
  1. Parece que hay un desfase entre la política monetaria y su efecto...
  2. ¿o es que realmente no influyen tanto como creemos los tipos de interés en la inflación?

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jueves, abril 24, 2008

Nuevo libro de texto Economía 1º de Bachillerato



Los profesores Luis Javier Heras, Rubén Hitos y Juan César Palomino hemos elaborado un nuevo libro de texto para 1º de Bachillerato de Economía, con la editorial Edelvives. El libro está adaptado al nuevo currículo de Bachillerato L.O.E. que entra en vigor y es de obligatoria aplicación el próximo curso 2008/09. Hemos intentado sobre todo que fuese claro -no un libro de texto universitario adaptado a Bachillerato- y que tuviera ejemplos, lecturas complementarias, artículos y actividades que conectaran la asignatura con la actualidad económica. Si sois profesores de Economía en Bachillerato y queréis que os envíen un ejemplar de muestra a vuestro centro, lo podéis solicitar en el teléfono del Departamento Comercial de Edelvives (91 334 48 84).

Si eres un alumno de Bachillerato o simplemente te interesa un libro para iniciarte en la economía, puedes comprar el libro por internet en la librería Agapea o la librería Prometeo.

Por cierto, estamos ya preparando el libro de 2º de Bachillerato, para el nuevo currículum que entra en vigor para el próximo curso 2009-2010. La asignatura tiene algunos cambios (incluye de nuevo el proyecto de empresa) e incluso cambia de nombre. Deja de llamarse Economía y Organización de Empresas y pasa a llamarse Economía de la Empresa.

Actualización: ya hemos acabado el nuevo libro de Economía de la Empresa de 2º de Bachillerato. Puedes obtener más información aquí.

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martes, abril 22, 2008

Fiesta de la solidaridad Intermón Oxfam y una reflexión sobre los mercados agrícolas mundiales


Creo que dedico demasiado tiempo a hablar en este blog de la crisis financiera y la recesión de los países ricos. Mientras, muchos países viven en una recesión perpetua en la que hablar de tipos de interés, hipotecas subprime y morosidad de los préstamos es ridículo. Menos mal que desde Intermón Oxfam nos recuerdan las condiciones en las que viven millones de personas. Este domingo 27 de abril celebran la la Fiesta de la Solidaridad en varias ciudades españolas (en Madrid en la plaza de Santa Ana).
Me gusta Intermón Oxfam porque no sólo se dedica a la ayuda humanitaria, sino que también analiza las causas y propone medidas. Son muy claros, por ejemplo, a la hora de denunciar las injusticias del comercio internacional y la falta de globalización real. A través de este estudio me enteré de la hipocresía de EEUU al firmar acuerdos de libre comercio con México mientras realiza prácticas proteccionistas encubiertas como subvencionar a sus productores nacionales.
Y mientras hablamos de la subida generalizada de los precios de los alimentos básicos, resulta paradójico que los agricultores y productores originales de estos alimentos vean cómo se les paga ¡cada vez menos!
¿Por qué puede suceder esto? La culpa no es de los biocombustibles o del cambio climático, aunque se empeñen en repetirnoslo. Como siempre, hemos de buscar un fallo del mercado: la falta de competencia. Los alimentos se intercambian en un mercado de muchos pequeños productores que se ven obligados a tirar los precios ante un pequeño grupo de grandes empresas intermediarias que funcionan como un oligopsonio. Luego cuando las venden se convierten en cartel oligopólico ante los también indefensos consumiores. En el fondo, los intermediarios sólo hacen lo que se supone que hay que hacer en la economía de mercado: comprar lo más barato posible y vender lo más caro posible. El problema es que, sin competencia que sujete este "racionalismo económico", los resultados no son tan eficientes y justos como dicen los libros de texto, sino más bien todo lo contrario.
Y eso no pasa sólo en los países subdesarrollados. El libro Fast Food Nation (que me gustó mucho y algún año lo he usado también como material didáctico en las clases) explica cómo funciona el mercado de la carne de ternera o de pollo en EEUU, donde los agricultores y rancheros son exprimidos por las empresas procesadoras de carne.

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martes, abril 15, 2008

¡Más madera!

El BCE -y en su nombre el Banco de España- está aumentando la cantidad de préstamos que concede a los bancos comerciales para garantizar su solvencia. Ahora mismo, los bancos encuentran dificultades para encontrar financiación mayorista (es decir, otros bancos que les presten) porque lo que quieren todos los bancos ahora es tener efectivo, no prestarlo. Así pueden cubrir su coeficiente de caja y mantener un nivel de solvencia adecuado ante la perspectiva de no cobrar muchos de los préstamos que alegremente han concedido los años anteriores. El Banco Central tiene abierto el grifo de préstamos, pero sin bajar el interés al que los concede, que se mantiene en el 4% de salida (luego es una subasta). Es decir, los bancos tienen el dinero que necesitan para suministrar liquidez (efectivo, es decir, billetes y monedas) a sus clientes, pero a un tipo de interés relativamente alto, por lo que esto no repercute en una bajada para el cliente final. Por tanto, es una medida para evitar el colapso financiero de los bancos, pero que no reactiva mucho el consumo y la inversión de los agentes económicos.

Está bien evitar que los bancos quiebren y alguien tendrá que prestarles el dinero que no tienen para evitar el pánico y una crisis financiera mayor... aunque esto puede dar la impresión de que tener un banco es un negocio sin riesgos en el que cuando todo va bien te forras y cuando todo va mal te presta dinero el Banco Central.

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domingo, marzo 30, 2008

Fomentar la competencia en el monopolio natural del ADSL

La infraestructura telefónica es un monopolio natural, es decir, un tipo de negocio en el que es más eficiente que haya una sola empresa que mantenga toda la red (si se duplicasen las redes de telefonía el coste aumentaría y sería menos eficiente; lo mismo sucede con la electricidad, el agua...). Lo malo de los monopolios -incluidos los monopolios naturales- es que la empresa monopolista puede abusar de que es la única que ofrece el servicio para subir el precio y ofrecer una calidad no muy buena.

Para solucionar este problema de los monopolios naturales existen varias opciones:
1) Que el estado se haga cargo de ese servicio y el monopolio sea público (eso sucedía con Telefónica hasta que se privatizó). De este modo podrá fijar precios aceptables para las consumidores, pues su objetivo no es el beneficios propio sino el bien general.
2) Fomentar la competencia de forma artificial, obligando a la empresa que tiene la red (el monopolio natural) a alquilar la red a otros operadores a un precio fijado por el Estado.
3) Esperar a que se abaraten los costes de crear y mantener ese tipo de infraestructuras para que a otras empresas también les salga rentable competir.

El mercado de telefonía y de ADSL se encuentra ahora mismo en una situación en la que cada vez la tecnología para crear estas redes es más económica, y empresas como ONO o Jazztel van poco a poco creando su propia red paralela a la de Telefónica. Sin embargo, no les es rentable llevar el cable a todos los sitios, y para que haya competencia en todo el territorio el Estado tiene que intervenir solucionando este fallo de mercado. Para ello, obliga a la empresa propietaria a ceder su red a otras empresas, a cambio de un precio fijado por el Estado. Ahora, ha decidido reducir el precio que Telefónica cobra a las otras empresas por alquilarles su red. Esto implicará menores precios para los clientes y mayor expansión del ADSL, sobre todo en las zonas rurales. Orange y las otras compañías están contentísimas, aunque Telefónica está en desacuerdo con los nuevos precios (seguramente dirá que no cubren los costes de mantenimiento de la red). La información más detallada en esta noticia de El País y comentada en este podcast.

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