La teoría de la tecnoestructura de Galbraith predecía que en las grandes empresas los ejecutivos -que controlan la información- serían quienes de verdad tendrían el poder. Los propietarios, muy dispersos y sin capacidad de saber realmente qué decisiones se deben tomar, se limitarían a asentir en las Juntas de Accionistas a las propuestas del Consejo de Administración.
Un ejemplo actual es cómo los ciudadanos y contribuyentes estadounidenses - que después de todas las ayudas públicas son propietarios del 80% de AIG a su pesar- no pueden hacer nada ante el pago de bonuses por más de 100 millones de dólares entre los ejecutivos de AIG... ¡los mismos que la han llevado a la bancarrota!
El truco: estos bonuses fueron aprobados por los propietarios de AIG en la anterior Junta General de Accionistas y ahora son plenamente legales y reclamables por los beneficiarios ante los tribunales en caso de que se suspendieran... Esto sucede porque en las Juntas Generales de accionistas se aprueban en un mismo paquete un montón de cosas... y una de ellas, en el punto 100 del orden del día y con letra pequeña, probablemente, sea la jugosa remuneración de los directivos.
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